Golfo de Corinto

Final del recorrido: Hasta Rhion

“[…] nos aparece al pie del Glokos el imponente monasterio de Taxiarches con cipreses delgados delante. Vemos primero la fachada que tiene unos balcones salientes, en parte ventanas con arcos redondos y un comienzo de una torre redonda. La fachada principal da a una plaza con tres hornacinas en forma de arco con santos encima de la puerta principal y dos balcones cubiertos […]. En este monasterio viven ahora 60 monjes y 60 jovencitos desde los 9 y diez años. Los últimos no comen en el refectorio como los otros sino en grupos de 3 a 5 bajo la tutela de un maestro. Las viñas de las pasas de Corinto del convento, que tienen muchas, están situadas abajo en la marina. A la derecha de la plaza, cuando se mira hacia el monasterio, hay una hospedería para pelegrinos con una finca ancha y establos y detrás un cementerio con una iglesita en medio y cipreses al lado. Delante de la plaza hay un jardincito con una pérgola de vino de un lado al otro, donde crecen unos saucos llorones y muchas rosas abundantes.”

“En la punta plana de arena, donde antes estaba el templo de Poseidón que enfrente en la punta de Anti-Rhion tenía su pareja, está el castillo de Rhion, fuerte, medieval, en gran parte construido por los venecianos o por lo menos modificado, pero ahora muy abandonado […]. La parte del oeste del cuartel lateral se emplea como prisión para delincuentes, levantando un muro fuerte delante, encima del cual se pasean los guardianes. Cuando estuve allí encontré 246 prisioneros, 40 de ellos iban a ser decapitados, me dijo el comandante; se paseaban en cadenas. Pueden pasearse dentro del edificio durante dos horas por la mañana y por la tarde. En el lado del este están de la misma manera pero menos vigilados, los casos menos graves; había 38. Unos como los otros tenían un aspecto muy salvaje y estaban delgados y pálidos por estar tanto tiempo en prisión […].

Llegado a la punta de la fortaleza vi terminado mi trabajo con alegría en el corazón; estuve sentado muy pensativo en la punta extrema de la fortaleza y miré hacia el golfo que se ocultó como en un sueno y hacia la mar que me tentó hacia fuera. Al mismo tiempo pensé en el ganador de Lepanto y a Byron, el luchador moderno para las ideas iguales y la bandera azul de la guerra que ondeaba encima de mi cabeza, me parecía un testimonio de la libertad finalmente conseguida, hasta que el ruido de las cadenas de los prisioneros me despertó de mis sueños.”

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